Meditaciones Bíblicas

“En sartén se preparará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová.”

Levítico 6:21

Varias veces había oído este versículo; sin embargo esta vez al leerlo, la palabra pedazos saltó de la pagina, y con velocidad balística penetró en lo mas profundo de mi corazón. Esta mañana se que el Señor habló a mi vida; revelándole a mi espíritu algo nuevo y fresco que traería luz a la temporal tiniebla que amenazaba inundar mi alma.

No tuve duda que Dios me hablaba, y que en su infinita misericordia El me contestaba mi más reciente oración. Le había pedido que le aclarara a mi corazón el porqué de algunas cosas aparentemente insólitas que en estos momentos me ocurrían. Según meditaba en el verso, entendí algo: El Señor me esta enseñando algo nuevo; me esta capacitando para caminar con El mas íntimamente.

El desea que yo tome todo ese dolor, miseria, confusión y decepción que recientemente me ha acosado, lo mezcle con un generoso, amplio y espontáneo sacrificio de alabanza, le agregue el fuego de mi más profunda gratitud, y se lo presente a El como un sacrificio vivo, aroma fragante, aceptable, y grata a Su presencia!

Nosotros, los cristianos tenemos frases lindas y elegantes para describir las pruebas; de gloria en gloria, escalando a otro nivel, etc. Pocos entendemos lo que realmente implican estas promociones. No muchos están conscientes del dolor personal y la angustia real que inevitablemente acompaña este proceso-hasta que nos toca a nosotros vivirlo.

El Señor me ha enseñado a gozarme medio de mi túnel por oscuro que parezca. Es ahí donde el rayo de esperanza divina se hace palpable, es ahí donde entiendo plenamente la razón para mi sufrimiento momentáneo; Dios está haciendo algo nuevo en mi, y conmigo. El está preparándome para la próxima encomienda que El ya tiene reservada da para mi vida.

El Todopoderoso está haciendo conmigo lo mismo que hizo con todos sus siervos, cuando los equipaba cuidadosamente para una labor mucho más grande de lo que ellos quizás hubiesen imaginado.

Todos sabemos acerca de nuestro Padre Abraham; de su valerosa y gigantesca fe. Nos maravillamos del los sufrimiento indescriptible, casi increíble de su siervo Job, las injustas e inmerecidas penalidades sufrida por José, los padecimientos de Pablo, Su mensajero al mundo gentil, y los muchos otros mártires que siguieron su ejemplo. Santos, quienes menospreciando el sufrimiento y el oprobio, entregaron todo por la causa del Evangelio de Jesucristo; convirtiéndose así en innegables pilares de la iglesia primitiva de Jesucristo.

Dios no hace acepción de personas; lo que hace con uno, lo hace con el otro, si verdaderamente hay entrega total y sometimiento absoluto. El Señor no tiene hijos predilectos; cada uno de ellos tiene que pasar por el mismo proceso para obtener el premio anhelado: Su regla se aplica a todos por igual.

Dios solo usa vasos rotos para revelar Su poderoso y maravilloso poder creativo. Por tanto, no debería sorprendernos cuando llega nuestro turno de ser humillados bajo Su poderosa mano. En esa forma Dios se asegura de que toda la gloria sea de El y para El.

La puerta que nos lleva a su magnifica presencia es en verdad estrecha; no hay cabida para orgullo o egocentrismo de ninguna especie. Solamente hay espacio para un corazón puro, contrito y humillado, y unas manos limpias y vacías; prestas a recibir agradecidamente Su generosa bendición.

Ciertamente es el Señor quien nos rompe; El es el único que puede hacerlo sin destruirnos. Solo El puede sacar las impurezas de nuestros corazones, al igual que un experto purifica y refina el oro. Entonces es cuando brillamos para El. Es ahí cuando somos luz en el medio de las tinieblas, y la sal que esta tierra distorsionada, y enfermiza necesita. Entonces nos convertimos en una esperanza viva para un mundo insípido que se pierde en medio de su propia vanidad y se autodestruye en el desvarío de su entenebrecido corazón.

Depende de nosotros. Podemos permitirle a Dios que haga Su trabajo maravilloso y poderoso en nosotros, o podemos rebelarnos y dilatar o estorbar la obra que El desea hacer en nuestras vidas.

En vez de pensar en el costo de la entrega, consideremos más bien la recompensa eterna que este sometimiento nos traerá. Recompensa real que será nuestra, no solo para el presente; sino para toda una eternidad. Y no solo para nosotros; sino también para todos los que nos rodean.

La próxima vez que usted se encuentre en medio de tribulaciones atroces, amarga vicisitudes, e interminables dardos infernales, recuerde que esto también pasará, y al final del túnel estaremos gozosos y agradecidos por la prueba, que con la ayuda del Señor, y sujetos de Su mano, hemos superado; reconociendo que nos era imposible aprender esta lección sin haberla vivido en carne propia.

Ruego al Todopoderoso que así como esta palabra trajo luz a mis tinieblas, traiga también entendimiento a su corazón en su tiempo de tribulación; según lo hizo conmigo.

Estoy ciertamente convencida que al final de mis días en esta tierra, nada me dará mas gozo que el haber permitido a Dios que hiciera su trabajo en mi, convirtiéndome por Su misericordia, en una ofrenda con aroma agradable a El. Por lo cual siempre cantaré desde el fondo de mí corazón, y proclamaré desde lo más profundo de mí ser:

¡Gracias Señor y Aleluya al Cordero de Dios!

Meditaciones Bíblicas ofrece las piensamentos de Dora Marrero.