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Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismo; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.

Salmo 100:3

¡Que poco pensamos en esta gran verdad! Que ocupados estamos en nuestro diario vivir. La mayoria de nosotros ni siquiera pensamos en ello. Y aun cuando lo pronunciamos con nuestros labios, no creemos seriamente en lo que estamos diciendo. Si fuera asi, si de verdad creyeramos esta verdad tan grande, nuestras vidas y conductas seria difirente.

Para comenzar, habria mucho menos tension y ansiedad. Las cuales son tan comun, hoy dia, como el resfriado. Las hemos aceptado como inevitable en nuestras vidas diarias. En realidad, la mayoria de la gente viven en este miserable estado y ni siquiera se imaginan una vida diferente.

Y desde luego, existe la competencia humana, la fragilidad del hombre…constantemente negociando esa fuerza interna que quiere y muchas veces logra dominarnos. Nos impulsa hacia el poder, hacia la tendencia a controlar. Ese deseo de estar en control de nuestro medio ambiente. Ser (o aparentar ser) aceptable, admirable y aun envidiable: todas esas cosas externas y visibles que puedan darnos sentido de valor. Es muy humano buscar prueba tangible que justifique nuestra existencia a nosotros mismos.

¡Que pena! No fuimos creados para tales expectaciones y deseos. Nuestro Dios tenía algo muy diferente en mente cuando nos creó. El intentó crear familia, una familia para El. Una familia feliz, alegre que disfrutase de su paz. Hijos que construyesen juntos, cantaran juntos, se entendieran y se ayudasen mutuamente. ¡Que elusiva es para el hombre esa meta divina! Es casi como nadar en contra de la corrientes, las corrientes de la sociedad del mundo, la cual tiene sus propias reglas de conducta. Sin embargo debemos tratar. Si no lo hacemos por amor a Dios y a los demás, hagámoslo por nuestro propio bien.

Nuestra mejor garantia de sentirnos bien, es hacer bien a los demás. El que verdaderamente hace con otros como el quisiera que hiciesen con el, es realmente sabio, ya que invierte en su propia felicidad. La Palabra dice que definitivamente segaremos lo que sembramos. No hay mejor manera de asugurarnos de nuestra paz y gozo que compartir alegremente con otros lo que el Señor gratituamente nos ha dado.

Recordando que El desea que todos seamos Sus hijos.

Obviamente para ser legitimamente Suyos tenemos que aceptar la adopción que El nos ofrece. Como toda adopción, esta requiere un ofrecimiento y un aceptamiento. Jesús mismo dice en Juan 14:6: "Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre, sino por mi." Ese aceptamiento nos compra la herencia eterna. Entonces sí que seremos suyos para siempre. Entonces sí que seremos una gran familia. La familia de Dios. Juntos con El para siempre para gozarnos en Su precencia por toda una eternidad. Para disfrutar juntos todas las maravillas imaginables que el ha preparado desde antes de la fundación del mundo para ofrecerla gozoso a todos los que le amen en verdad. Dada esta realidad, ¿que esperamos para asegurarnos de tan grande herencia?

Meditaciones Bíblicas ofrece las piensamentos de Dora Marrero.